sábado, 16 de outubro de 2010

Normal Gall - “Lulinha, paz e amor”

Si Shakespeare estuviera vivo, podría haber escrito que Luiz Inácio Lula da Silva, como Julio César, domina el estrecho mundo de la política brasileña como un coloso, mientras que “hombres menudos caminan bajo sus enormes piernas rumbo a una deshonrosa tumba”.

El presidente más popular de la historia de Brasil se prepara para dejar el poder, impedido por la Constitución de postularse de nuevo. Sus índices de aprobación del 78% deben de ser la envidia de los políticos del mundo. Lula se hizo símbolo de los recientes avances de América Latina al consolidar la democracia y parar la inflación crónica, rindiendo gran progreso en la justicia social.

Lula no tuvo una vida fácil. Es una figura de heroica complejidad que, al contrario que los héroes de Shakespeare, no procede de noble cuna. Nació en el Noreste azotado por las sequías. Abandonada por su marido, su madre emigró a São Paulo con sus hijos en la trasera de un viejo camión. Una película hagiográfica, O filho do Brasil (El hijo de Brasil), financiada por empresas clientes del Estado, narró esta leyenda. Juan Luis Cebrián, en una larga entrevista para EL PAÍS, admiraba la sabiduría popular de Lula y contaba que “posa su mano de obrero sobre mi rodilla, en un ademán de complicidad, de camaradería, de evidente franqueza”. Le comparó con Sancho Panza, citando las últimas palabras del escudero: “Saliendo yo desnudo como salgo, no es menester otra señal para dar a entender que he gobernado como un ángel”.

No es para tanto. Las campañas electorales brasileñas cuestan miles de millones de dólares, trayendo pesadillas para Lula. Duda Mendonça, el asesor de marketing político mejor pagado de Brasil, inventó el lema Lulinha, paz e amor, para suavizar su imagen antes de los comicios de 2002, cuarto asalto de Lula a la presidencia, después de tres intentonas predicando una ruptura con las élites dominantes. Cuando tres años después, en una audiencia parlamentaria, Duda reveló que recibió pagos ilegales, Lula fue amenazado de destitución a causa de las fechorías cometidas por los hombres menudos que caminaban bajo sus piernas. Tres ministros dijeron a Lula que debía renunciar. Uno de ellos era su propia jefa de Gabinete, Dilma Rousseff, a la que el presidente ha ungido como su sucesora en los comicios de este mes. “No me conocéis”, respondió él entonces. “Esos tíos se engañan. No comprenden mi vínculo con el pueblo. A esos hijos de puta les voy a ganar las elecciones”.

Lula sobrevivió porque se lanzó a una incansable campaña entre los pobres y porque les dio muchos beneficios. La popularidad de Lula se basa en un consumo disparado, con un gran aumento del empleo y de los salarios públicos, así como de las transferencias sociales, entre ellas el programa Bolsa Familia, que concede a las madres pequeñas cantidades mensuales a cambio de que mantengan escolarizados a sus hijos. Las transferencias y los nuevos empleos formales ayudaron a sacar a unos 29 millones de personas de la pobreza. Esos brasileños cuentan con el rápido aumento del crédito al consumo para comprar electrodomésticos, ordenadores, motos, coches y viviendas subsidiadas. Los préstamos personales aumentaron en un 35% anual desde 2003, y en un 45% en los últimos tres años, a tipos de interés encima del 40%, absorbiendo más del 20% de los ingresos mensuales de las familias endeudadas. El consumo crecía a un 9,5% anual al inicio de la campaña electoral. Así, Brasil podría caer en su propia crisis de deudas populares impagables.

El aumento del consumo da a los brasileños una visión positiva de su futuro y del mundo. Según la Encuesta sobre actitudes globales del Pew Research Center de Washington de este año, de los 22 países estudiados, y con la única excepción de los chinos, los brasileños son los ciudadanos más contentos con la situación económica. Alrededor del 77% piensa que Brasil se convertirá en una potencia mundial, o cree que ya lo es, aunque ese concepto sigue siendo vago.

Esta confianza ha llevado a los brasileños a expresar opiniones que no encajan con la política exterior de Lula. En contra del constante desdén mostrado por su presidente hacia Estados Unidos, el 62% de los brasileños tiene una opinión favorable de EE UU, mientras que el 77% ve con buenos ojos a las grandes empresas extranjeras y el 87% se muestra partidario del libre mercado y del comercio exterior. Frente al 56% de aprobación de Obama, solamente el 13% de los brasileños admiran al presidente venezolano Hugo Chávez y el 18% expresa solidaridad por Irán, dos aliados de Lula.

En lo que para algunos fue una deprimente campaña electoral y para la mayoría una orgía de adulación, Lula fue de nuevo la estrella, escoltando de mitin en mitin por todo el país a la heredera menos conocida, pronunciando la mayoría de los discursos. A Dilma Rousseff, de 62 años, economista de izquierda radical y en su juventud guerrillera urbana encarcelada y torturada por el régimen militar, la han presentado ante la gente como a una muchacha debutante. “Elegir a Dilma será la decisión más importante de mi presidencia”, proclamó Lula una y otra vez, entre las especulaciones de que Dilma ocuparía la presidencia solamente lo necesario para que Lula volviera al cargo en las elecciones de 2014. Dilma obtuvo su mayor votación en los municipios pobres con mayor concentración de beneficiarios de Bolsa Familia.

Con el 47% de los votos, Lula y Dilma perdieron por poco la primera vuelta de las elecciones del domingo 3 de octubre, debido al sorprendente resultado de la senadora Marina Silva, ex ministra de Medio Ambiente de Lula, que, hija de un recolector de caucho y nacida en las profundidades de la Amazonia, aprendió a leer y escribir a los 16 años. Su defensa de mejoras en la educación y su habla pausada y elegante le granjearon el voto de protesta (19%) de los descontentos con la medrosa e insulsa campaña del principal candidato de la oposición, José Serra, cuyo valioso desempeño como ministro de Sanidad y como alcalde y gobernador de São Paulo no impresionó a los votantes.

La elección de Dilma traería dos riesgos: primero, es conocida como una Mujer Dragón. Cuentan en los círculos políticos varias anécdotas sobre su maltrato a colegas y subordinados, incluso a los médicos y enfermeros que trataron su cáncer linfático el año pasado en un hospital de São Paulo. Su mal genio puede chocar con los hombres menudos que caminan bajo las piernas de Lula. Lula los protegió porque necesitaba alianzas con propios y extraños, encubriendo los múltiples escándalos de corrupción que asolaron sus ocho años de presidencia.

El segundo peligro, el más importante, es el de que el periodo de vacas gordas esté llegando a su fin, ya que la facilidad de acceso al crédito y el enorme incremento del gasto público han sobrecalentado la economía brasileña. Los elevados tipos de interés que pretendían controlar la inflación han fortalecido todavía más una divisa ya sobrevalorada, que agrava un déficit por cuenta corriente en aumento.

Entonces, ¿cuál sería el legado de Lula? No paz e amor, sino la elección de Dilma Rousseff, cuya supervivencia y el éxito a largo plazo del propio Brasil dependerán de la capacidad para ahorrar más y de invertir eficientemente en educación e infraestructuras para que su gente sea más productiva.

Traducción de Jesús Cuéllar Menezo.

Norman Gall es director ejecutivo del Instituto Fernand Braudel de Economía Mundial de São Paulo.

terça-feira, 5 de outubro de 2010

Olavo de Carvalho: Quem manda nesta coisa

As denúncias que hoje circulam contra o PT, e que tanto enfurecem o sr. Presidente da República, não se comparam, em número e virulência, àquelas que o próprio PT espalhou na mídia e alardeou no Parlamento ao longo de vinte anos, destruindo ou subjugando todas as lideranças políticas que pudessem se opor aos seus intentos. Se hoje um Collor, um Sarney, um Maluf e inumeráveis líderes empresariais beijam a mão do presidente da República (como até o valentão Antônio Carlos Magalhães chegou a beijá-la pouco antes de morrer), é porque o partido dele lhes mostrou quem é o chefe, quem é que manda nesta coisa. E o mostrou a gritos e cusparadas, à força de acusações escabrosas, ameaças terrificantes e escândalos fabricados, tão numerosos e persistentes que os anos 90 ficariam marcados para sempre como a década da bandalheira se depois deles não viessem o Mensalão, os dólares na cuéca, os assassinatos dos prefeitos de Campinas e Santo André, etc. etc., reduzindo toda a corrupção anterior à escala de um roubo de chicletes numa cantina de escola.

Ao queixar-se da mídia, o sr. Presidente se esquece de que foi ela a sua principal aliada não só na destruição maciça de reputações perigosas, mas na construção, simultânea e complementar, da imagem do PT como paladino da justiça, sem o que jamais esse partido poderia ter chegado ao poder em 2002 nas asas da “Campanha pela Ética na Política”, uma apoteose de denuncismo e moralismo hipócrita como raramente se viu no mundo.

Sem a transformação da mídia inteira em instrumento da indústria petista do escândalo, o sr. Presidente não teria chegado a ser o sr. Presidente: teria continuado a ser o derrotado que sempre fôra até o momento em que seu partido, superando a velha repugnância da esquerda pela tradição udenista de combate à corrupção, descobriu o poder criador da difamação e da calúnia.

Longe de tratar o sr. Presidente a chicotadas, como ele se queixa de ter sofrido, a mídia, que o criou, sempre procurou poupá-lo e afagá-lo. Vocês já se esqueceram do petismo desbragado da Globo, a mais poderosa rede de TV do país, onde até uns poucos anos atrás não se podia falar do “presidente operário” sem voz embargada e lágrimas mal contidas de comoção cívica?

Naquela época, o sr. Lula não falava de “mídia golpista” nem se queixava de que “oito famílias” monopolizavam a imprensa deste país. Ele deixava isso para os “radicais”, para os jovens enragés que rosnavam no fundo do porão da esquerda, enquanto ele, apadrinhado e beneficiário número um do monopólio, brilhava no palco com sua nova identidade tranqüilizante de “Lulinha Paz e Amor”, pronto a imitar mais tarde o discurso dos enfezados, quando o fim do seu segundo mandato lhe trouxesse a certeza de não precisar mais da ajuda de seus protetores de ontem.

Em setembro de 2004 escrevi: “No tempo de Collor, a conversa vagamente suspeita entreouvida por um motorista indiscreto desencadeou a mais vasta investigação que já se fez contra um presidente. Hoje em dia, seis testemunhas mortas no caso Celso Daniel não abalam em nada a reputação de governantes ungidos pelo dom da inatacabilidade intrínseca.”

Referindo-me às CPIs de 1993, quando os srs. Dirceu e Mercadante berravam acusações do alto das tribunas como se fossem reencarnações de Marat e Robespierre, prosseguia: “É impossível não perceber, hoje, que tudo isso foi apenas um pretexto para aplanar a estrada para o PT, colocá-lo no poder e nunca mais fazer perguntas, aceitando dos novos patrões, com docilidade incuriosa e muda, condutas muito mais suspeitas e extravagantes que as de todos os seus antecessores.”

Assim foi em todos os escândalos do governo Lula. Por mais que se revelassem os crimes dos aliados e colaboradores mais próximos do sr. Presidente, o cuidado obsessivo da mídia era um só: preservar a pessoa dele, aceitar como cláusula pétrea do jornalismo nacional a hipótese louca de que ele nunca, nunca sabia de nada.

É esse o homem que hoje, diante de acusações mais que justas – e dirigidas nem mesmo a ele, mas à sua candidata –, choraminga, num show abjeto de autopiedade histérica, que levou mais chibatadas que Jesus Cristo e, ao mesmo tempo que clama pelo controle estatal da mídia, diz que o exercício do mero direito de cobrar explicações do seu seu partido é “uma ameaça à liberdade de imprensa”.

Vejam a enxurrada de livros investigativos que espalharam acusações temíveis contra Fernando Collor, contra os militares, contra o Congresso, contra as empreiteiras, e comparem-na ao destino do livro que ousou provar a responsabilidade do sr. Presidente no caso do Mensalão: “O Chefe”, de Ivo Patarra, não encontrou um só editor com coragem para publicá-lo. Circula pela internet, como um sussurro proibido.

Liberto de adversários substantivos e elevado ao posto supremo da nação pelos bons serviços da mídia, esse homem se acostumou de tal modo à subserviência da classe jornalística que já não suporta da parte dela a menor desobediência, o menor deslize. E de nada adianta apelar à “opinião pública”. Ele, e só ele, é a opinião pública.

Mas, afinal, quem criou as condições para isso foi a própria mídia. Invertendo o senso moral normal, que desprezava os medalhões de cabeça oca e louvava os pobres estudiosos, ela convenceu o país inteiro de que a coisa mais linda, mais louvável, mais meritória, é subir na vida permanecendo analfabeto. Se você cria um monstrengo desses, não tem muito direito de reclamar quando ele, inflado dos aplausos imerecidos com que você mesmo o alimentou, manda você calar a boca e proclama que quem manda é ele.

domingo, 3 de outubro de 2010

Sandra Cavalcanti: Qual é o preço da liberdade?

Estamos vivendo dias constrangedores. Muita gente no Brasil não tem a menor noção do que seja exercer uma atividade pública. Tanto representantes do povo como esmagadora parte do próprio povo, todos demonstram que não sabem fazer a correta distinção entre o que é público e o que é privado.

O comportamento da maioria dos cidadãos e dos governantes revela esta realidade: os conceitos de bem público e de bem privado aparecem sempre muito misturados, de forma confusa e até ardilosa, sufocados pelos interesses particulares de pessoas, famílias, corporações, sindicatos, ONGs suspeitas e seitas pseudorreligiosas.

Os resultados dessa criminosa contaminação são aterradores. Populismo, demagogia, uso perverso dos meios de comunicação, acirramento dos ressentimentos entre categorias sociais. Total falta de transparência no gerenciamento dos tributos arrecadados, nepotismo, enriquecimentos inexplicáveis. E o pior: o apodrecimento dos valores morais. Por isso tem sido tão deprimente enfrentar o que vem sendo trazido à tona nestes últimos tempos.

Não adianta alegar que em épocas anteriores também havia pilhagem do bem comum. Sabemos disso. Mas havia reação. Havia quem se escandalizasse. Havia quem se envergonhasse… Hoje, não. A impunidade está sendo aceita. Virou regra geral. Parece que todo o talento de nossa gente se aplica à fantástica criatividade de novas modalidades de golpes.

Pior do que isso é ter de aturar, na mídia, as declarações e as explicações dos nossos caciques. Pedem respeito às suas pessoas incomuns. Exigem consideração por sua biografia. E o fazem alegando valores republicanos!

É muito cinismo!

É muita arrogância!

A palavra República nada tem que ver com esses comportamentos. República não é nada disso. A expressão res publica, que herdamos da língua latina, significa coisa pública. A República, portanto, cuida da coisa pública. Seu objetivo principal é o bem comum.

Ser republicano é dar primazia ao bem comum. Significa que cabe ao político cuidar do bem comum. Significa que a atividade política se desenvolve na área da justiça. E se vincula integralmente à ética. Sem ética não há política nem políticos. Sem justiça não há política nem políticos.

Diante do panorama que temos à nossa vista, vale a pergunta: de que cuidam os políticos em nosso país, nestes tempos negros? A resposta é aterradora: só pensam em chegar ao poder. Ficar no poder. Usufruir o poder. Gozar o poder. Aproveitar o poder. Tirar vantagens do poder.

Acontece que na verdadeira República o poder só existe para que alguém exerça a tarefa de governar. É isto o que os brasileiros devem exigir de quem chega ao poder: cuidem apenas de governar.

O significado republicano de governar exige zelo pelo bem comum, honesto gerenciamento dos recursos públicos, prestação de contas rigorosa de todos os atos e respeito às leis. As leis, na República, são votadas para ser cumpridas por todos, governantes e governados.

Não é isso o que estamos vendo, mas exatamente o contrário. Os encarregados de zelar pelo bem comum cuidam somente de interesses particulares, partidários, ideológicos, sindicais, corporativos e familiares. Desdenham dos objetivos do bem comum. Apropriam-se dele sem nenhum sinal de vergonha ou constrangimento.

E é nesta realidade deprimente que o Brasil, no domingo, vai escolher de novo seus governantes! Raras vezes vivi um clima pré-eleitoral tão esquisito. Tão absurdamente apalermante! Qual vai ser a reação de nosso povo diante de tudo o que vem acontecendo, como uma enxurrada em dias de tempestade? Onde está a indignação de nossa gente?

Encarapitado no planalto goiano, o governo vive fora da vigilância da população. Ali é quase milagre escapar da contaminação. O presidente, seus subordinados, os senadores, os deputados, os ministros, os membros do Judiciário e mais os aliciantes amigos dos Poderes, todos os que atuam nesse ambiente à parte do País respiram o dia inteiro as vantagens e os privilégios; os conluios e os conchavos marcaram a implantação da capital. Em Brasília, tudo o que é coisa pública está pronto para virar coisa privada! Ninguém conhece limites. Emprego para aliado, protegido, marido, filho, esposa, nora, sogra, avó… Supostas verbas indenizatórias. Luz, telefone, passagens, gastos com as bases, malícias nos artigos das medidas provisórias, espertíssimas emendas orçamentárias, concorrências de fachada, licitações com cartas marcadas, recibos e notas frias. Enfim, um labirinto burocrático infernal, onde o poder jamais cuida do bem comum.

Qual a solução? Existe alguma? Existe. Mas para isso é preciso que apareçam lideranças de verdade. Não há de ser com a UNE subordinada de hoje, nem com candidatos que se escondem sob as ordens de marqueteiros.

Qual o caminho? Tentar acabar com a passividade do eleitor brasileiro. Dando-lhe voz. Dando-lhe meios para exigir dos partidos a indicação de nomes sérios. Dando-lhe meios para cobrar fichas limpas. Sem isso, nada feito. Pelo sistema de hoje, nosso voto não passa de um simples voto de boas-festas, de parabéns, de pêsames ou de louvor. Os partidos atuais não vivem pela força de seus filiados atuantes. Sobrevivem por causa de alianças passivas com o poder. Essa mudança tem de ser feita. Quem fará? Nós! Cabe a nós lutar para garantir a liberdade de opinião e o direito de escolha. Nossa liberdade está prestes a ser agredida. Mas nós vamos reagir. A imprensa mudou o mundo, mas a internet ainda mudou mais. Essa revolução é a nossa força. A turma que está no poder quer impedir a nossa praça!

Na hora de votar, lembre-se disso. O preço da liberdade é a eterna vigilância. Vigiai e orai! Quantos somos? Onde estamos? Qual nosso alvo? Dia 3 de outubro vamos reproclamar a República?

segunda-feira, 27 de setembro de 2010

The Sunday Telegraph: The former Marxist guerrilla who is set to become Brazil's first woman president

She is a former Marxist guerrilla whose organisation once stole $2.5 million from the safe of the governor of São Paulo.

Locked up and tortured by the dictatorship which ran Brazil during the 1970s, she was once branded by a prosecutor as the “Joan of Arc of subversion”.

Yet in less than a month’s time Dilma Rousseff is on course to become Brazil’s first woman president, entrusted with running the largest and fastest-growing economy in Latin America.

Her first election campaign has gathered the apparently unstoppable force of a steamroller and Ms Rousseff is likely to win the first round of voting outright.

If she pulls it off, it would seem like a miracle for a 62-year-old apparatchik who has never before been elected to any political post and who was unknown to most of Brazil’s 192 million people a few months ago - until you look to see who is behind the wheel of the steamroller.

Luiz Inácio Lula da Silva, the most popular president in Brazilian history, is ineligible to run for a third four-year term, and has given Ms Rousseff, his former political adviser, his unflinching support.

It will be the first time his name has not been on a ballot paper of some kind since democracy was restored to Brazil in 1985, but, he joked, “to fill that void I will change my name and I will call myself Dilma Rousseff”.

Lula, 64, has enjoyed record poll ratings of over 80 per cent in his eight years of power, especially among the poor, who worship the man who rose from being a shoeshine boy to become president.

Since 2004, the number of Brazilians living in poverty fell from almost half to under a quarter. Unemployment has fallen and the economy has boomed, helped by the discovery of vast oil reserves. Brazil is to host the 2016 Olympics and the 2014 World Cup - producing a wave of optimism and energy.

“Here in Brazil we treat presidential campaigns like sambas: if we hear a good one, we go with it,” said Araken de Carvalho, a travel agent, drinking coffee in São Paulo, the country’s business capital. “It’s more about the way the band plays than what is really going on. Dilma’s is a very good samba.”

If the election were held today, according to recent polls, Ms Rousseff would pick up 50 per cent of the vote, putting her far ahead of her main rival José Serra, a former health minister, on 28 per cent.

Her extraordinary success, despite her own lack of pzazz, owes much to slick, Hollywood-style television advertisements which have linked her firmly to Lula - and made a powerful first impression in a country which still has high levels of illiteracy.

In Ms Rousseff’s first such 10-minute broadcast the camera soared over scenes of Brazil until she came into focus, declaring: “With Lula, we learnt to move forwards... Now we must continue advancing. Brazil doesn’t want to stop, and can’t stop.” On banks of the Amazon, Lula was shown declaring a new era – and Ms Rousseff the person to lead Brazil.

“The Oscar for best supporting actor certainly goes to Lula,” said Dr Timothy Power, director of Oxford University’s Latin American Centre.

“Many weren’t aware of who Rousseff was until that first campaign programme, but once people knew she was Lula’s candidate, they backed her.”

Ms Rousseff’s campaign has been helped by donations which exceed all her rivals combined, plus a make-over transforming her from stern-looking technocrat into “the mother of all Brazil,” as Lula calls her. Gone are the gaudily-coloured jackets and wire-framed glasses, with Ms Rousseff sporting carefully-applied make-up and elegant suits.

She has also been encouraged to show a more personal side, talking about overcoming lymphoma cancer, and discussing her hopes of becoming a grandmother.

“I am going to govern this country with the attention of a mother, the care of a mother, and the strength of a mother,” she said.

For someone who was once an active member of an armed Marxist group, fighting to overthrow the dictatorship, it is quite a change.

The daughter of a middle class Bulgarian immigrant and a schoolteacher in Belo Horizonte, southeastern Brazil, she realised upon leaving a privileged school that the world was “not a place for debutantes”.

She was 16 when Brazil fell prey to a military coup in 1964 and like many was soon drawn into the world of underground opposition.

Introduced to Marxist politics by the man who became her first husband, Claudio Galeno, she helped build up one of the guerrilla organisations trying to overthrow the government - at one point spending three years in prison.

After democracy was restored she had a daughter, Paula, now a 33-year-old lawyer, with her second husband Carlos Araújo, a revolutionary leader who had met Fidel Castro and Che Guevara. She trained as an economist she entered conventional left-wing politics and professional public service.

In 2001, by now divorced again, she joined Lula’s Workers’ Party and her experience in the country’s energy ministry quickly impressed the new president. A cabinet job as energy minister followed before she was appointed his chief of staff in 2005.

But many have questioned how she can be running for the presidency.

Critics say she was simply the last senior Lula crony standing since one aide after another was forced to quit in scandals over alleged slush funds, bribery or blackmail - including, last week, her own former aide who had followed in her footsteps as Lula’s chief of staff.

Her lumbering speaking style and lack of personal charisma do not make her an obvious candidate and - in what was seen as a thinly-veiled attempt to protect Ms Rousseff - the government made it illegal for television and radio broadcasters to make fun of the candidates.

Others wonder whether she has the skills needed to hold together the 14 parties of Lula’s business-friendly coalition, dominated by his Workers’ Party, or to keep it to the pro-business approach that Lula, a former trade unionist, adopted.

Yet the only real obstacle between Ms Rousseff and the presidency is José Serra, 68, the leader of Brazil’s biggest opposition party, the centre-left Social Democrats (PSDB) - and his campaign has failed to take off.

Voters from São Paulo, the shiny heart of modern, professional Brazil, would not typically throw their support behind Lula. The educated wealthy elites baulk at his populist policies, and laugh at his rural, unpolished accent.

Yet in the latest poll of the province’s almost 40 million voters, Ms Rousseff was seven points ahead of her rival.

“I don’t think she is particularly nice, she doesn’t come across as pleasant and she isn’t charismatic,” said Gabriel Malard, 39, a trendily-dressed photography teacher in the central business district of São Paulo. “Her success is entirely down to Lula. But I’m still going to vote for her.”

Yet others have not been swayed. Carloz Vereza, a popular actor and political blogger, told The Sunday Telegraph: “Dilma doesn’t have any experience. She has always made appointments on the basis of party allegiance, not merit.

“Lula chose Dilma because Dilma means a third Lula term and the continuation of his populist-authoritarian project. She’s only doing so well in the polls because his government ignores all the institutional limits on power and manipulates the population through welfare programmes.”

He predicted that as president, Ms Rousseff would censor the media, appoint cronies to key jobs and turn Brazil into a “carbon copy” of Venezuela under Hugo Chavez, the country’s firebrand socialist leader.

Additional reporting: Philip Sherwell in New York and Andrew Downie in São Paulo

terça-feira, 21 de setembro de 2010

FHC: Acabar com a desigualdade não é tudo

Acabar com a desigualdade não é tudo; os maus exemplos no comportamento político têm um viés de “democracia popular”; os laços com o corporativismo são fortes, significam um retrocesso e “não são um bom manto para a democracia”.

A síntese é acrescida da percepção de que “há abuso de poder político” e foi feita pelo ex-presidente Fernando Henrique Cardoso (1995-2002). Ele diz que o presidente Luiz Inácio Lula da Silva fez uma “assombrosa conversão ao passado”.

A seguir, os principais trechos da entrevista concedida no início da semana.

O sr. não acha que os exageros retóricos do presidente Lula vão além da circunstância eleitoral e podem estar desligando da tomada os aparelhos da democracia?

Sinceramente, não acho que o presidente Lula tenha uma estratégia nessa direção. Acho que a democracia tem raízes fortes no País, a sociedade é muito diversificada, a sociedade civil é mais autônoma do que se pensa, as empresas são poderosas, a mídia é poderosa. Não acho que o Lula tenha um projeto para cercear a democracia. O que ele tem é uma prática que, às vezes, excede o limite. E, quando isso acontece, eu me manifesto. A democracia não é um fato dado, é uma constante luta. Se a gente começa a fechar os olhos às pequenas transgressões, se elas vão se acumulando, isso tudo distorce o sentido das coisas.

Há algum problema na origem da nossa cultura política?

Sim, a nossa cultura política não é democrática. Nós aceitamos a transgressão com mais facilidade, nós aceitamos a desigualdade perante a lei, para não falar das outras desigualdades aceitas com mais facilidade ainda. Você tem um arcabouço democrático, mas o espírito da democracia não está consolidado.

E de quem é a culpa?

Não é de ninguém. Mas a responsabilidade para não quebrar esse arcabouço e reforçar o espírito da democracia é de quem tem voz pública. O presidente da República é responsável porque a conduta dele, no bom e no mau sentido, é tomada como exemplar. Portanto, ninguém é culpado, mas há responsáveis.

De que maneira explícita pode então ser atribuída uma cota de responsabilidade nesse processo ao presidente Lula?

Uma das coisas que mais me surpreendeu na trajetória política do presidente Lula foi a absorção por ele do que há de pior na cultura do conservadorismo, do comportamento tradicional. Ele simplesmente não inovou na política.

Dê exemplos.

O Lula adotou o clientelismo. Veja o caso do Amapá, onde o presidente Lula pede voto no fulano e fulano porque é amigo. Depois se descobre que o fulano está envolvido em escândalos, mas aí desenrola-se uma mistificação dizendo que nunca se puniu tanto como no governo dele. Isso é um comportamento absolutamente tradicional. Desde quando passou a mão na cabeça dos aloprados, o critério é sempre esse. No fundo, o Lula regrediu ao Império, aplicando a regra do “aos inimigos a lei, aos amigos a lei”. Ele não inovou do ponto de vista político, mas poderia ter inovado.

O sr. esperava um presidente Lula mais democrático, mas está apontando traços caudilhescos no comportamento dele.

O PT quando foi criado se opunha ao corporativismo herdado do fascismo e de Getúlio Vargas. No poder, o que vemos é que ele ampliou esse corporativismo. O PT trata esse corporativismo como se fosse um movimento da sociedade, quando nós estamos diante da ligação de grupos corporativistas ao Estado e o controle desses grupos pelo Estado.

Responda “sim” ou “não” a esta pergunta: Lula tem alguma tentação a cultivar uma variante para a democracia popular?

Sim.

Explique a resposta.

Lula não tem esse propósito, mas a recorrência do linguajar político e a forma de agir levam à crença de que o que vale é ter maioria. E democracia popular é o quê? A democracia é mais do que ter maioria, o que é conquistado à força pelas ditas democracias populares. Democracia também é respeito à lei, respeito à Constituição, respeito às minorias e à diversidade. Tudo isso é obscurecido nas democracias populares, onde se entende que, se você tem a maioria, você tem tudo e pode tudo. Tem o direito de fazer o que bem entender. O presidente Lula não pensa em fazer isso, mas essas são as consequências do comportamento político que ele tem. Precisa ter limites.

Concretamente, que tipo de limite deveria ser imposto ao presidente Lula?

Não se pode, por exemplo, ver o presidente, todos os dias, jogar o seu peso político na campanha eleitoral. E vem agora uma senhora recém-empossada como ministra-chefe da Casa Civil (N.R.: Erenice Guerra, que caiu na quinta-feira, um dia depois da gravação desta entrevista) acusar o principal candidato da oposição, o José Serra, de “aético”. Acusa por quê? Porque o candidato está protestando contra a violação do sigilo fiscal de sua família. Ela não tem expressão política alguma, mas baseia a acusação no quê? No princípio de que quem pode e quem não pode se sacode.

O sr. foi surpreendido com o discurso do “nunca antes neste País” do presidente Lula?

De alguma maneira, sim, mas nem tanto. O comportamento do Lula, mesmo no tempo de líder da oposição, sempre foi de uma pessoa loquaz, fácil de apreender as circunstâncias políticas, muito mais tático do que estratégico. Ele falou em “metamorfose ambulante” e isso explica bem o seu estilo e caracteriza bem o seu traço de conservadorismo.

Qual foi, então, a sua grande surpresa com Lula?

Achei que ele fosse mais inovador, capaz de deixar uma herança política democrática, mostrando que o sentimento popular, a incorporação da massa à política e a incorporação social podem conviver com a democracia, não pensar que isso só pode ser feito por caudilhos como Perón, Chávez etc. Essa é, aliás, a imagem que o mundo tem do Lula, que ele está incorporando os excluídos – o que já vinha do meu governo, a partir da estabilização econômica, mas é verdade que ele acelerou. Mas Lula está a todo o instante desprezando o componente democrático para ficar na posição de caudilho.

O que está na origem dessa tentação?

Na Europa, já não é mais assim, mas em alguns lugares ainda se acha que acabar com a desigualdade é tudo, que vale tudo para acabar com a desigualdade. Valia até apoiar o regime stalinista, o que Lula nunca foi. O que ele tinha de inovador é que o PT falava de democracia, um lado que está sendo esquecido. Nunca disse uma palavra forte em favor dos direitos humanos. Pode, perfeitamente, dizer que o caso nuclear do Irã não pode servir para atacar o país, lembrar o Iraque, mas, ao mesmo tempo, tem de ter uma palavra forte em defesa de uma mulher que pode morrer apedrejada.

O sr. já disse que o governo Lula tem realizações próprias suficientes para não precisar ser “mesquinho” e usar esse “nunca antes neste País”. Por exemplo?

O governo do presidente Lula atuou bem diante da crise financeira mundial (2008/2009). Isso não é fruto do passado, é fruto do presente. Nas outras áreas, ele deu bem continuidade, mas na crise podíamos ter naufragado e ele não deixou naufragar.

Outro exemplo de bom serviço prestado pelo governo Lula ao País?

Não sei qual a razão, mas o Lula acertou ao não engordar o debate sobre o terceiro mandato. Não sei se está ou não arrependido, mas o certo é que ele não engordou esse debate.

Em compensação, entrou na campanha com se estivesse disputando o terceiro mandato.

E não precisava. Ele podia atuar dentro da regras democráticas, mas está usando o poder político para forçar situações eleitorais. Há até um movimento em que ele se envolve para derrotar senadores da oposição, parece um ato de vingança porque não gostou da atuação deles no parlamento.

A jornalista e colunista do Estado Dora Kramer falou, há dias, de uma “academia inativa por iniciativa própria”. É isso?

A frase pode ser um pouco forte, tem muito intelectual opinando, mas a academia está muito distante da vida, produzindo análises vazias. Lidam mais com conceitos do que com a realidade. Falam muito sobre livros, em vez de falar e escrever sobre o processo da vida. Houve, sim, um afastamento da academia desses desafios. A situação do País é boa, a começar pela situação econômica e social, e isso paralisa muita gente, mas a academia é que tem de manter o senso crítico, alertar, dizer o que está acontecendo e que merece reparos.

Ipojuca Pontes: Uma nova oposição

A esta altura dos acontecimentos, com a provável derrota do candidato José Serra ao cargo de presidente da República, ainda que com a possibilidade de um eventual segundo turno, já é hora de se considerar a formação de um verdadeiro partido de oposição política no Brasil, para fazer frente ao regime totalitário que se pretende implantar com a eleição da ex-terrorista Dilma Rousseff.

De fato, se faz urgente a criação de um partido de oposição não apenas nominal, de mentirinha, mas de oposição genuína, que não pense ou atue de conformidade com os valores conceituais estabelecidos pelo adversário, a exemplo do que fazem hoje o Partido Democratas e o PSDB – este. mero súcubo do partido do governo, a declarar sem o menor pudor que tem por finalidade os mesmos objetivos políticos e ideológicos do PT.

Com efeito, nos próximos anos – ou, quem sabe, nos próximos meses – precisamos organizar um partido político vigoroso, consciente e determinado, que saiba dialogar e levar às massas o entendimento de que o Estado Forte, tangido por um governo de feição coletivista, significa apenas a imposição de mais tributos, que fatalmente cairão sobre os ombros dos cidadãos, tornando-os ainda mais pobres e dependentes. Ou seja: mais escravos.

Sim, é urgente: necessitamos votar num novo partido político de oposição que se empenhe diuturnamente em demonstrar ao cidadão que só o mérito, o respeito pelo trabalho, a impessoalidade e a vigilância, afrontando e confrontando a perniciosa manipulação do Partido-Estado, poderão livrar a sociedade das garras do banditismo organizado que, uma vez no poder, só trata de saqueá-la e roubá-la para usufruir a riqueza gerada pelo trabalho alheio.

Precisamos de um partido que esclareça e advirta a população sobre o socialismo que se quer impingir ao país promovendo, em caráter definitivo, a celebração da censura, do medo, da negação de todas as liberdades, da violência, da quebra dos direitos individuais, de perseguições, espionagem, ameaças, terror, prisões e assassinatos – a exemplo do que se faz hoje na China, em Cuba, na Coreia do Norte e no Vietnã, países que se proclamam socialistas.

Precisamos de um partido que diga à população que ela não é burro de carga ou mulher de malandro para sustentar hordas de vagabundos que se apropriam dos recursos públicos e com eles vivem à tripa forra, viajando, comendo, bebendo e ganhando rios de dinheiro sem levantar uma palha.

Precisamos de um partido em que os seus representes, uma vez no plenário do Congresso nacional, discursando ou aparteando, comecem por não chamar políticos canalhas e ladravazes de “Vossa Excelência”, e tampouco de fazer conchavos partidários em benefício de corporações, grupos e indivíduos que só agem para obter privilégios em troca de propinas e mensalões.

Sim: mais do que nunca é obrigatório a formação de um partido que não tenha medo de ser estigmatizado pela pecha de ‘direitista”, uma aleivosia industriada pelas esquerdas desde que o socialista Benito Mussolini criou o fascismo e Adolf Hitler, na Alemanha, comandou o nacional-socialismo inspirado nas lições de apelo à violência administradas pelo burguês ocioso (e odiento) Karl Marx, o pai do ultrajante “socialismo cientifico”.

Precisamos de um partido que se empenhe na defesa da livre iniciativa, da propriedade privada, do pão nosso de cada dia ganho com o suor do próprio rosto - numa palavra, que ataque o Estado Forte de Lula e Dilma e defenda o capitalismo pioneiro que tem na poupança e na moderação os agentes de desenvolvimento e do progresso, sem os quais a humanidade ainda estaria engatinhando como nos tempos das cavernas.

Precisamos a todo custo de um partido que denuncie sem cessar a propaganda mentirosa do poder que deprava a alma da nação – a propaganda massiva financiada com os recursos sacados do próprio bolso do contribuinte, que, em meio ao emaranhado de promessas, se perde e acredita que o governo predador pode transformar suas vidas.

Desde já, admita-se, a tarefa de criar um partido de oposição eficiente e combativo se apresenta de forma problemática. Como diria Napoleão, um especialista em guerras, é preciso tempo, caráter, dinheiro e vocação. Mas os rombos para se combater o bom combate nunca foram tão flagrantes: o governo socialista de Lula faz da corrupção sua arma política, as instituições permanentes da República se desintegram, a violência campeia, a democracia cambaleia e a insegurança se alastra.

Ademais, ao contrário do que proclama o ufanismo totalitário, o país não atingiu no plano econômico a dimensão do nirvana alardeado. De fato, as nossas exportações para o mercado mundial, em que pese a voracidade da China, continuam estacionados na faixa de 1%, e, o que é pior, no peso da produção global caímos, entre 1995/2009, de 3.1% para 2.9%, conforme registro do “Financial Times” (10/09/2010) – o que significa dizer que em matéria de competitividade estamos na rabeira do bloco emergente e até mesmo de certos países do continente europeu.

Por sua vez, no plano da educação, continuamos a formar alunos que nem sequer aprendem a ler, escrever e somar, ao tempo em que os nossos enfermos morrem aos milhares nas filas dos hospitais públicos abandonados. No Congresso, as votações básicas e urgentes, tais como a reforma tributária e a lei que limita crescimento dos gastos públicos, adormecem nas gavetas do “impoluto” Zé Sarney, presidente do Senado.

Para completar, enquanto cresce vertiginosamente a prostituição e o trabalho infantil e aumenta a exploração da mão de obra escrava, no campo e na cidade, o PT e as centrais sindicais dentro do governo só esperam por Dilma para ampliar ainda mais o aparelhamento da máquina pública, revogar os atos que criminalizam as invasões dos “movimentos sociais” (MST e outros) e estabelecer o “controle social” dos meios de comunicação.

A julgar pela ira de Lula, o DEM, partido que ele quer “extirpar” da face da terra, ameaçou, quando da sua reestruturação, representar o papel de um autêntico partido de oposição, para logo depois passar marcha a ré no intento e servir de pau de cabeleira para o enfatuado PSDB.

Por que adiar, então, a formação de um verdadeiro partido de oposição?

domingo, 19 de setembro de 2010

Augusto Nunes: O chefe supremo e a Casa Vil

Outra vez depois do almoço, sempre suando a camisa num palanque a muitas léguas do local do emprego, o presidente Lula incorporou neste sábado o companheiro Hugo Chávez e, em mau português, sucumbiu a outro surto de autoritarismo bolivariano: “Nós não precisamos de formadores de opinião, nós somos a opinião pública”, exaltou-se no comício em Campinas, consumido em desatinos contra a imprensa independente. Estava especialmente irritado com a reportagem de capa de VEJA, mas evitou identificar o alvo com todas as letras. Se o fizesse, teria de dizer alguma coisa sobre o que a revista descobriu e divulgou.

Como José Dirceu na segunda-feira, Lula fez de conta que o problema do Brasil é a liberdade de imprensa. Imprensa livre e notícia correta são soluções. O problema, não o único, é a liberdade dos bandidos de estimação, que se valem do salvo-conduto garantido pelo Padroeiro dos Pecadores Companheiros para espancar a lei impunemente. Indignado com a revelação de que os gatunos agora embolsam propinas até em salas do Palácio do Planalto, o Brasil que presta exige a punição dos delinquentes. Atropelado pela descoberta de que a roubalheira continua comendo solta um andar acima do que deveria frequentar com muito mais assiduidade, o presidente tenta matar o mensageiro.

Como todo governante primitivo, Lula odeia a liberdade de imprensa. Mas tem um motivo adicional para sonhar com a erradicação do que chama de “formadores de opinião”: a existência de gente com autonomia intelectual reitera o tempo todo que a unanimidade é inalcançável — mesmo por quem se considera emissário da Divina Providência. O presidente talvez morra sem saber que os governos passam e as discurseiras são esquecidas, mas a palavra escrita fica.

Daqui a muitos anos, os interessados em compreender estes tristes tempos não perderão tempo com improvisos eleitoreiros, versões cafajestes, álibis mambembes ou hinos ao cinismo. Vão procurar a verdade que estará nos textos publicados por jornais e revistas que não se sujeitaram à Era da Mediocridade. A releitura das três últimas edições de VEJA, por exemplo, será suficiente para atestar que a Casa Civil foi rebaixada a covil da família da ministra Erenice Guerra — infâmia que reafirmou a lição antiga como o mundo: a cabeça e a alma de um governante se traduzem nas escolhas que faz.

Como registrou a coluna do ótimo Ricardo Setti, a chefia do ministério mais importante da República foi quase sempre confiada a juristas notáveis, articuladores sagazes ou administradores públicos brilhantes. Lula escolheu, sucessivamente, um farsante, uma nulidade e uma delinquente. Por ter escolhido três afrontas, deve-se debitar na conta do presidente a gangrena que surgiu com José Dirceu, expandiu-se com Dilma Rousseff e, depois de Erenice, tornou inadiável a amputação de uma sílaba da Casa Civil. Três ministros e cinco escândalos depois, hoje só existe a Casa Vil.

Nomeado por Lula, José Dirceu produziu em 2004 o vídeo protagonizado pelo amigo íntimo Waldomiro Diniz e, no ano seguinte, estrelou o escândalo do mensalão. Nomeada por Lula, Dilma Rousseff, em parceria com a melhor amiga Erenice Guerra, fabricou o dossiê contra Fernando Henrique e Ruth Cardoso e se enrascou na história do suspeitíssimo encontro com Lina Vieira. Grávida de confiança e gratidão, a doutora em nada fez questão de ser substituída por Erenice. Nomeada por Lula, a advogada de porta de cadeia completou o serviço iniciado quando virou secretária-executiva.

Seis anos antes de saber que o braço direito de Dilma Rousseff transformou o gabinete no Planalto em arma dos muitos crimes e esconderijo, o Brasil soube que o braço direito de José Dirceu embolsava propinas para facilitar negociatas. “Um por cento é pra mim”, balbucia Waldomiro Diniz para o bicheiro Carlinhos Cachoeira no vídeo inverossímil divulgado pela TV. Velho amigo de Dirceu, o vigarista promovido a assessor para Assuntos Parlamentares da Casa Civil protagonizou o primeiro dos escândalos que o presidente, com a cumplicidade ativa da companheirada e nas barbas de um Brasil abúlico, tentou criminosamente acobertar.

A bandalheira inaugural desenhou a fórmula que seria utilizada nas seguintes. Pilhado em flagrante, Waldomiro pôde redigir em sossego o pedido de exoneração. Oficialmente, não foi demitido. Saiu porque quis, como Erenice agora. Saiu como sairia Dirceu em agosto de 2005, quando as investigações sobre o escândalo do mensalão revelaram que o chefe da Casa Civil era sobretudo o chefe da “organização criminosa sofisticada” que a Procuradoria Geral da República denunciou ao Supremo Tribunal Federal e os ministros prometem julgar em 2011. Ou mais tarde. Depende da coluna cervical do ministro Joaquim Barbosa.

O escândalo da Casa Civil avisa que a gula dos ladrões se agigantou com o incessante aparelhamento da máquina estatal. Erenice só precisou da lista de telefones e endereços para escancarar aos parentes as portas dos Correios, da Anac, da Infraero e do BNDES. Já desbastara o caminho do cofre quando era tecnicamente subordinada a Dilma Rousseff. Se não soube de nenhuma pilantragem da vizinha de sala e acompanhante, a sucessora que Lula inventou é inepta. Se soube, é cúmplice. Não existe uma terceira opção.

Erenice é Dilma. E as duas são Lula. Foi ele quem nomeou os inquilinos do gabinete desonrado. É ele o fundador e o chefe supremo da Casa Vil. O Ministério Público e o Poder Judiciário precisam acordar, antes que a nação anestesiada perca de vez os sentidos e a democracia entre em estado de coma.

segunda-feira, 13 de setembro de 2010

Sandra Cavalcanti: A marcha da insensatez e a estupidez protetora

No ano de 1984, Barbara W.Tuchman premiou o mundo com um livro que, além de surpreendente, é admiravelmente bem escrito: “A marcha da insensatez”. Obra para ser lida e relida, dedicada aos que se interessam pelos caminhos da humanidade e procuram explicações para a insensata adoção, por muitos governantes, de políticas contrárias aos seus próprios interesses.


A autora oferece quatro episódios da história mundial como exemplo de momentos muito emblemáticos. (1) Os troianos puxam o misterioso cavalo de madeira para dentro dos muros de Troia. (2) Os Papas da Renascença não captam a importancia das vozes reformistas e não impedem a cisão protestante. (3) A arrogância dos lordes ingleses detona o processo de libertação da América do Norte. (4) Os americanos se atolam no Vietnã.

Como entender que, com poder de decisão política, alguns ajam tão frequentemente de forma contrária àquela apontada pela razão e pelos próprios interesses em jogo? Por que o processo mental dessas inteligências, também tão frequentemente, parece não funcionar ?

O último capítulo do livro – Uma lanterna de popa – oferece ao leitor conclusões bastante melancólicas sobre os relatos e feitos analisados. Uma dessas conclusões sustenta a tese de que, entre as causas que mais contribuem para a insensatez política, a principal é a ambição do poder.

A ambição do poder é definida por Tácito como sendo a “mais flagrante de todas as paixões”. Ela só se satisfaz quando exerce o poder sobre os demais seres humanos. Governar acaba sendo a melhor forma de exercer o poder sobre as pessoas.

Ganhar muito dinheiro, ou conseguir muita fama, também oferece satisfação de poder. Mas isso só se forem muito bem-sucedidos. Nos casos comuns, embora o dinheiro lhes propicie alta posição social e luzes de fama, fica faltando o domínio sobre os demais. O real domínio, que só o ato de governar lhes oferece!. O domínio sobre os outros significa, para os governantes, o verdadeiro poder que ambicionavam. Por isso desejam-no ardentemente e conquistam-no a duras penas. Depois, lamentavelmente, se revelam incapazes de exercê-lo sobre si mesmos.

Nenhuma alma, segundo Platão, consegue resistir ao excesso de poder. Para livrá-la da insensatez, só a garantia das leis. Sem essas garantias, o excesso de poder conduz à desordem e à injustiça. Toda insensatez começa assim...

Maquiavel, que sabia das coisas, dizia que todo governante “deve ser um grande perguntador, escutar pacientemente a resposta sobre o que perguntou e manifestar sua ira ao verificar que lhe ocultaram a verdade”.

No mundo de hoje, qualquer titular de governo enfrenta muitíssimos problemas. Às vezes, fica dificil a compreensão clara e sólida de muitos deles. Não sobra tempo para pensar e refletir. Além disso, o grupo que cerca o chefe só age em função de decisões que possam lhe garantir prestígio político e força eleitoral. E, dizia Maquiavel, “se ele fica à mercê do grupo que o cerca, ele abre caminho para uma situação que alguns estudiosos definem como ESTUPIDEZ PROTETORA".


A estupidez protetora é a responsável pelo fato de o Presidente não fazer muitas perguntas, não escutar pacientemente as respostas e não ficar irado quando verifica que lhe ocultaram a verdade .

A nossa Marcha da Insensatez vem sendo liderada, lá do Planalto, por um grupo assim, todos movidos exclusivamente pelo objetivo de permanecer no poder. Põem em prática, como nunca antes, todos os famosos Princípios de Dominação pela Propaganda, seguidos por Goebbels, Stalin, Mao, Fidel e tantos outros.

Não se pode negar que, às custas de bilhões de reais, os efeitos dessa propaganda estão sendo alcançados. Lula nunca sabe de nada. E, quando sabe, passa a mão pela cabeça dos culpados e, irado, até se atreve a querer calar o Estadão, o mais corajoso e livre órgão de imprensa do Brasil!

O mais triste, ainda, é que apesar de todos os escândalos, da mais deslavada corrupção, da mais desavergonhada compra de consciências, da mais cínica postura em relação às leis, o brasileiro continua calado e anestesiado. A voz do país ainda não se fez ouvir. Misteriosas e oportunas pesquisas de opinião dão a entender que o povo está feliz, achando que tudo vai bem. Mesmo com os problemas da assistência à Saúde. Mesmo com os níveis desastrosos da Educação. Mesmo com a vergonha da infraestrutura dos transportes. Mesmo com o aumento apavorante da violência. Mesmo com os portos ainda travados. Mesmo com as dívidas públicas não pagas. De onde vem, então, essa apregoada visão positiva de um governo tão vulnerável?

Vem da força terrível da propaganda. Da prática imoral da dominação de um povo pelas artimanhas, armadilhas e artifícios da mais poderosa e cara máquina estatal de propaganda governamental jamais montada antes no Brasil! Nem na ditadura de Vargas, nem no período militar. O grupo de Lula só tem um objetivo: continuar no poder. Como? Essa ambição é que leva à insensatez.

Sabendo que seria perigoso prorrogar o seu mandato, trilhando, desde logo, o mesmo caminho de Hugo Chavez, Evo Morales, Rafael Correa e outros do mesmo time, o Presidente não hesitou, ditatorialmente, em afrontar a sua própria gente! Impôs uma candidatura ao PT. Derrubou os procedimentos democráticos usados pelo partido. Quem xingava tanto as oligarquias conservadoras, cometeu a insensatez de imitar os troianos, os Papas da Renascença, os lordes ingleses e o atoleiro do Vietnã! Mas a História é implacavel. Sempre há um cavalo de pau. Um Lutero. Um Washington. Um drama em Saigon. Sempre há!



Sandra Cavalcanti é professora, foi deputada federal constituinte, secretária de Serviços Sociais no governo Lacerda, fundadora e presidente do BNH.

quinta-feira, 9 de setembro de 2010

Estadão: Lula e a contínua desmoralização das instituições

Tão profícua tem sido a atuação do presidente Lula na desmoralização das mais importantes instituições do Estado brasileiro, que se torna missão complexa avaliar o que efetivamente tem sido realizado nesse campo, aí sim como nunca antes neste país. Como a lista é longa, melhor ficar nos exemplos mais notórios.

O presidente Lula desmoralizou o Congresso Nacional ao permitir que o então chefe de seu Gabinete Civil, o trêfego José Dirceu, urdisse e implantasse um amplo esquema de compra de apoio parlamentar - o malfadado mensalão. Essa bandidagem custou ao chefe da gangue o cargo de ministro. Mas seu trânsito e influência dentro do governo permanecem enormes, com a indispensável anuência tácita do chefão.

Denunciado o plano de compra direta de apoio de deputados e senadores, o governo petista passou a se compor com toda e qualquer liderança disposta a trocar apoio por benesses governamentais, não importando o quanto de incoerência essas novas alianças pudessem significar diante do que propunha, no passado, a aguerrida ação oposicionista de Lula e de seu partido na defesa intransigente dos mais elevados valores éticos na política. Daí estarem hoje solidamente alinhadas com o governo as mais tradicionais oligarquias dos rincões mais atrasados do País - os Sarneys, os Calheiros, os Barbalhos, os Collors de Mello, todos antes vigorosamente apontados pelo lulo-petismo como responsáveis, no mínimo, pela miséria social em seus domínios. Essa mudança foi recentemente explicada por Dilma Rousseff como resultado do “amadurecimento” político do PT.

O presidente Lula desmoralizou a instituição sindical ao estimular o peleguismo nas entidades representativas dos trabalhadores e, de modo especial, nas centrais sindicais, transformadas em correia de transmissão dos interesses políticos de Brasília.

O presidente Lula tentou desmoralizar os tribunais de contas ao acusá-los, reiteradas vezes, de serem entrave à ação executiva do governo por conta do “excesso de zelo” com que fiscalizam as obras públicas.

O presidente Lula desmoralizou os Correios, antes uma instituição reconhecida pela excelência dos serviços essenciais que presta, ao aparelhar partidariamente sua administração em troca, claro, de apoio político.

O presidente Lula desmoralizou o Tribunal Superior Eleitoral, e, por extensão, toda a instituição judiciária, ao ridicularizar em público, para uma plateia de trabalhadores, multas que lhe foram aplicadas por causa de sua debochada desobediência à legislação eleitoral.

Mas é preciso reconhecer que pelo menos uma lei Lula reabilitou, pois andava relegada ao olvido: a lei de Gerson. Aquela que, no auge do regime militar e do “milagre brasileiro”, recomendava: o importante é levar vantagem em tudo. Esse sentimento que o presidente nem tenta mais disfarçar - tudo está bem se me convém - só faz aumentar com o incremento de seus índices de popularidade e sinaliza, por um lado, a tentação do autoritarismo populista, enquanto, por outro lado, estimula a erosão dos valores morais, éticos, indispensáveis à promoção humana e a qualquer projeto de desenvolvimento social.

O presidente vangloria-se do enorme apoio popular de que desfruta porque a economia vai bem. Indicadores econômicos positivos, desemprego menor, os brasileiros ganhando mais, Copa do Mundo, Olimpíada. É verdade, mesmo sem considerar que Lula e o PT não fizeram isso sozinhos, pois, embora não tenham a honestidade de reconhecê-lo, beneficiaram-se de condições construídas desde muito antes de 2002 e também de uma conjuntura internacional política e, principalmente, econômica, que de uma maneira ou de outra acabou sendo sempre favorável ao Brasil nos últimos anos.

Mas um país não se constrói apenas com indicadores econômicos positivos. São necessárias também instituições sólidas, consciência cívica, capacidade cidadã de avaliar criticamente o jogo político e as ações do poder público. Nada disso Sua Excelência demonstra desejar. Oferece, é verdade, pão e circo. Não é pouco. Mas é muito menos do que exige a dignidade humana, senhor presidente da República!

quarta-feira, 8 de setembro de 2010

Dora Kramer: Macunaíma

Só porque é popular uma pessoa pode escarnecer de todos, ignorar a lei, zombar da Justiça, enaltecer notórios malfeitores, afagar violentos ditadores, tomar para si a realização alheia, mentir e nunca dar um passo que não seja em proveito próprio?

Depende. Um artista não poderia, sequer ousaria fazer isso, pois a condenação da sociedade seria o começo do seu fim. Um político tampouco ousaria abrir tanto a guarda.

A menos que tivesse respaldo. Que só revelasse sua verdadeira face lentamente e ao mesmo tempo cooptasse os que poderiam repreendê-lo, tornando-os dependentes de seus projetos dos quais aos poucos se alijariam os críticos, por intimidação ou desistência.

A base de tudo seria a condescendência dos setores pensantes e falantes, consolidada por longo tempo.

Para compor a cena, oponentes tíbios, erráticos, excessivamente confiantes, covardes diante do adversário atrevido, eivados por ambições pessoais e sem direito a contar com aquele consenso benevolente que é de uso exclusivo dos representantes dos fracos, oprimidos e ignorantes.

O ambiente em que o presidente Luiz Inácio da Silva criou o personagem sem freios que faz o que bem entende e a quem tudo é permitido – abusar do poder, usar indevidamente a máquina pública, insultar, desmoralizar _ sem que ninguém se disponha ou consiga lhe pôr um paradeiro – não foi criado da noite para o dia.

Não é fruto de ato discricionário, não nasceu por geração espontânea nem se desenvolveu apenas por obra da fragilidade da oposição. É produto de uma criação coletiva.

Da tolerância de informados e bem formados que puseram atributos e instrumentos à disposição do deslumbramento, da bajulação e da opção pela indulgência. Gente que tem pudor de tudo, até de exigir que o presidente da República fale direito o idioma do País, mas não parece se importar de lidar com gente que não tem escrúpulo de nada.

Da esperteza dos arautos do atraso e dos trapaceiros da política que viram nessa aliança uma janela de oportunidade. A salvação que os tiraria do aperto no momento em que já estavam caminhando para o ostracismo. Foram todos ressuscitados e por isso são gratos.

Da ambição dos que vendem suas convicções (quando as têm) em troca de verbas do Estado, sejam sindicalistas, artistas, prefeitos ou vereadores.

Da covardia dos que se calam com medo das patrulhas.

Do despeito dos ressentidos.

Do complexo de culpa dos mal resolvidos.

Da torpeza dos oportunistas.

Da pusilanimidade dos neutros.

Da superioridade estudada dos cínicos.

Da falsa isenção dos preguiçosos.

Da preguiça dos irresponsáveis.

Lula não teria ido tão longe com a construção desse personagem que hoje assombra e indigna muitos dos que lhe faziam a corte, não fosse a permissividade geral.

Nada parece capaz de lhe impor limites. Se conseguir eleger a sucessora, vai distorcer a realidade e atuar como se presidente fosse. Se não conseguir, não deixará o próximo governo governar.

Agora, é sempre bom lembrar que só fará isso se o País deixar que faça, como deixou que se tornasse esse ser que extrapola.

Recibo. O presidente Lula resolveu reagir e há três dias rebate a oposição no caso das quebra dos sigilos fiscais para negar a existência de propósitos político-eleitorais.

Ocorre que faz isso usando exclusivamente argumentos político-eleitorais. Em nenhum momento até agora o presidente se mostrou preocupado com o fato de sabe-se lá quantas pessoas terem tido seus sigilos violados e seus dados cadastrais abertos por funcionários da Receita sabe-se lá por quê.

O presidente tampouco pareceu sensibilizado com a informação do ministro da Fazenda de que os vazamentos ocorrem a mancheias.

Esses cidadãos não receberam do presidente Lula uma palavra de alento ou garantia de que seus direitos constitucionais serão preservados.

Lula só responde a Serra, só trata do assunto na dimensão eleitoral e assim confirma que o caso é de polícia, mas também é de política.

segunda-feira, 6 de setembro de 2010

Fernando Henrique Cardoso: Democracia é o governo das leis, e não das pessoas

Vivemos uma fase de democracia virtual. Não no sentido da utilização dos meios eletrônicos e da web como sucedâneos dos processos diretos, mas no sentido que atribui à palavra “virtual” o dicionário do Aurélio: algo que existe como faculdade, porém sem exercício ou efeito atual. Faz tempo que eu insisto: o edifício da democracia, e mesmo o de muitas instituições econômicas e sociais, está feito no Brasil. A arquitetura é bela, mas quando alguém bate à porta a monumentalidade das formas institucionais se desfaz num eco que indica estar a casa vazia por dentro.

Ainda agora a devassa da privacidade fiscal de tucanos e de outras pessoas mais mostra a vacuidade das leis diante da prática cotidiana. Com a maior desfaçatez do mundo, altos funcionários, tentando elidir a questão política – como se estivessem tratando com um povo de parvos -, proclamam que “não foi nada, não; apenas um balcão de venda de dados…” E fica o dito pelo não dito, com a mídia denunciando, os interessados protestando e buscando socorro no Judiciário, até que o tempo passe e nada aconteça.

Não tem sido assim com tudo mais? O que aconteceu com o “dossiê” contra mim e minha mulher feito na Casa Civil da Presidência da República, misturando dados para fazer crer que também nós nos fartávamos em usar recursos públicos para fins privados? E os gastos da atual Presidência não se transformaram em “secretos” em nome da segurança nacional? E o que aconteceu de prático? Nada. Estamos todos felizes no embalo de uma sensação de bonança que deriva de uma boa conjuntura econômica e da solidez das reformas do governo anterior.

No momento do exercício máximo da soberania popular, o desrespeito ocorre sob a batuta presidencial. Nas democracias é lógico e saudável que os presidentes e altos dirigentes eleitos tomem partido e se manifestem em eleições. Mas é escandalosa a reiteração diária de posturas político-partidárias, dando ao povo a impressão de que o chefe da Nação é chefe de uma facção em guerra para arrasar as outras correntes políticas. Há um abismo entre o legítimo apoio aos partidários e o abuso da utilização do prestígio do presidente, que, além de pessoal, é também institucional, na pugna política diária. Chama a atenção que nenhum procurador da República – nem mesmo candidatos ou partidos – haja pedido o cancelamento das candidaturas beneficiadas, se não para obtê-lo, ao menos para refrear o abuso. Por que não se faz? Porque pouco a pouco nos estamos acostumando a que é assim mesmo.

Na marcha em que vamos, na hipótese de vitória governista – que ainda dá para evitar – incorremos no risco futuro de vivermos uma simulação política ao estilo do Partido Revolucionário Institucional (PRI) mexicano – se o PT conseguir a proeza de ser “hegemônico” – ou do peronismo, se, mais do que a força de um partido, preponderar a figura do líder. Dadas as características da cultura política brasileira, de leniência com a transgressão e criatividade para simular, o jogo pluripartidário pode ser mantido na aparência, enquanto na essência se venha a ter um partido para valer e outro(s) para sempre se opor, como durante o autoritarismo militar.

Pior ainda, com a massificação da propaganda oficial e o caudilhismo renascente, poderá até haver a anuência do povo e a cumplicidade das elites para com essa forma de democracia quase plebiscitária. Aceitação pelas massas na medida em que se beneficiem das políticas econômico-sociais, e das elites porque estas sabem que nesse tipo de regime o que vale mesmo é uma boa ligação com quem manda. O “dirigismo à brasileira”, mesmo na economia, não é tão mau assim para os amigos do rei ou da rainha.

É isto que está em jogo nas eleições de outubro: que forma de democracia teremos, oca por dentro ou plena de conteúdo. Tudo o mais pesará menos. Pode ter havido erros de marketing nas campanhas oposicionistas, assim como é certo que a oposição se opôs menos do que devia à usurpação de seus próprios feitos pelos atuais ocupantes do poder. Esperneou menos diante dos pequenos assassinatos das instituições que vêm sendo perpetrados há muito tempo, como no caso das quebras reiteradas de sigilo. Ainda assim, é preciso tentar impedir que os recursos financeiros, políticos e simbólicos reunidos no Grupão do Poder em formação tenham força para destruir não apenas candidaturas, mas um estilo de atuação política que repudia o personalismo como fundamento da legitimidade do poder e tem a convicção de que a democracia é o governo das leis, e não das pessoas.

Estamos no século 21, mas há valores e práticas propostos no século 18 que se foram transformando em prática política e que devem ser resguardados, embora se mostrem insuficientes para motivar as pessoas. É preciso aumentar a inclusão e ampliar a participação. É positivo se valer de meios eletrônicos para tomar decisões e validar caminhos. É inaceitável, porém, a absorção de tudo isso pela “vontade geral” encapsulada na figura do líder. Isso é qualquer coisa, menos democracia. Se o fosse, não haveria por que criticar Mussolini em seus tempos de glória, ou o Getúlio do Estado Novo (que, diga-se, não exerceu propriamente o personalismo como fator de dominação), e assim por diante. É disso que se trata no Brasil de hoje: estamos decidindo se queremos correr o risco de um retrocesso democrático em nome do personalismo paternal (e, amanhã, quem sabe, maternal). Por mais restrições que alguém possa ter ao encaminhamento das campanhas ou mesmo as características pessoais de um ou outro candidato, uma coisa é certa: o governismo tal como está posto representa um passo atrás no caminho da institucionalização democrática. Há tempo ainda para derrotá-lo. Eleição se ganha no dia.

sexta-feira, 3 de setembro de 2010

Estadão: O responsável pela bandidagem

O procedimento dos interessados em ter acesso a declarações de renda da empresária Verônica Serra, filha do candidato tucano ao Planalto, destoa do que, tudo indica, tenha sido o padrão seguido nas violações do sigilo fiscal do vice-presidente do PSDB, Eduardo Jorge Caldas Pereira, e de três outras pessoas ligadas ao ex-governador. Nesses episódios, para obter o que queriam, os predadores da intimidade alheia contavam com afinidades políticas ou a ganância de servidores da agência da Receita em Mauá, na Grande São Paulo - uma verdadeira casa da mãe joana, com senhas individuais expostas e documentos eletrônicos ao alcance das vistas de qualquer um.

No caso de Verônica Serra, que antecedeu os dos demais em cerca de uma semana (de 30 de setembro a 8 de outubro do ano passado), o método seguido foi mais complicado na urdidura e mais simples no trâmite final. Alguém falsificou a assinatura da contribuinte - e o seu reconhecimento num cartório onde ela nem sequer tinha ficha - numa solicitação de cópia de documentos e incumbiu um tipo que habita as cercanias do Código Penal, devidamente identificado no formulário, de apresentá-la à Delegacia da Receita de Santo André. Ali, burocraticamente, a servidora Lúcia de Fátima Gonçalves Milan fez o que lhe era pedido, repassando ao titular da procuração as declarações de Verônica relativas aos exercícios de 2007 a 2009.

Por enquanto, pode-se apenas especular sobre os porquês das diferenças de estratagema. Mas o intuito era claramente o mesmo: recolher material que pudesse ser usado contra Serra na sua futura disputa com a escolhida do presidente Lula, Dilma Rousseff. Àquela altura, no último trimestre de 2009, embora o governador paulista ainda se negasse a assumir a pretensão e o mineiro Aécio Neves ainda não tivesse largado mão da esperança de ser ele o candidato, já não havia dúvidas sobre quais seriam os principais contendores da sucessão. E não passa pela cabeça de ninguém que a turma da pesada do PT fosse esperar a formalização das candidaturas para só então juntar papelório que pudesse comprometer o tucano e seus aliados.

Seria, no mínimo, subestimar a capacidade de iniciativa do “setor de inteligência” petista, como viria a ser conhecido. Principalmente porque os responsáveis pelo trabalho sujo não precisariam gastar tempo e energia para preparar o terreno por excelência de onde escavariam a matéria-prima desejada. O campo da Receita Federal começou a ser aplainado para servir aos interesses do partido quando, em 31 de julho de 2008, o ministro da Fazenda, Guido Mantega, demitiu o então secretário do órgão, Jorge Rachid, há 5 anos e meio no cargo. Desde então, a isenção e o profissionalismo deram lugar ao aparelhamento e à politização das decisões do Fisco. É o que atesta o escândalo das quebras de sigilo para fins eleitorais.

A contar da denúncia, a Receita levou praticamente duas semanas até anunciar a abertura de inquérito administrativo sobre o vazamento de declarações de renda de Eduardo Jorge, cópias das quais apareceram em mãos de membros do comitê nacional de Dilma Rousseff. Depois, quando vieram a público as demais violações, depois que a Justiça autorizou o vice-presidente do PSDB a ter acesso aos autos da investigação, os hierarcas da Receita, acionados pelo governo, correram a desvincular da campanha eleitoral os ilícitos revelados. Afinal, disseram sem enrubescer, o que havia na agência de Mauá era um “balcão de compra e venda de dados sigilosos”, movido a “propina”.

Não que não fosse - outros 140 registros também foram vasculhados ali. Se tivesse uma gota de vergonha, aliás, o secretário Otacílio Cartaxo já teria se demitido. Eis, em suma, o que o governo Lula e a cultura petista fizeram do Fisco: uma repartição em que o livre tráfico de informações presumivelmente seguras sobre os contribuintes brasileiros se entrelaça com o uso da máquina, literalmente, para intuitos eleitorais torpes. O crime comum e o crime político se complementam. Agora, destampada a devassa nas declarações de Verônica Serra, vem o presidente Lula falar em “bandidagem”. Se quiser saber quem é o responsável último por essa degenerescência, basta se olhar no espelho.

quinta-feira, 2 de setembro de 2010

Íntegra do discurso de Serra

“Não preciso de marqueteiro que mude a minha cara, o meu pensamento, a minha trajetória de vida”

Fico feliz de estarmos todos reunidos neste momento tão crucial para a História do Brasil. Qualquer eleição é sempre uma aposta sobre o futuro, mas só se pode olhar para o futuro tendo o passado como referência.

Vejo nos olhos de cada um de vocês o reflexo da luta que travamos pela democracia, aqueles anos de sacrifício em que demos nossas melhores energias para que hoje todos os brasileiros pudessem ter sua voz ouvida.Vejo nos olhos de vocês os reflexos da luta que empreendemos para reconstruir o Brasil. Eu quero dizer que tenho muito orgulho do Brasil democrático que eu ajudei a construir. Eu me reconheço neste Brasil que se deseja cada vez mais livre e vibrante. Tenho certeza de que o mesmo orgulho bate no peito de cada um de vocês. E é essa caminhada comum que me inspira a enfrentar os imensos desafios colocados diante de nós.

Aliás, que futuro queremos para os nossos filhos e netos? Quando entramos numa luta dura, como esta agora, acho que é a primeira pergunta a se fazer. Eu disse em 10 de abril: “No país com que eu sonho, o melhor caminho para o sucesso e a prosperidade será a matrícula numa boa escola, e não a carteirinha de um partido político.”

Porque esta foi uma lição que eu aprendi com o meu pai. O sucesso deve vir como resultado do trabalho duro e do esforço. Não da esperteza, dos expedientes escusos, do favorecimento ou da delinqüência. E aqui nós chegamos a um ponto vital nesta discussão sobre a liberdade. Ela é essencial também porque todo ser humano precisa ser livre para buscar o progresso para si mesmo, para sua família, para sua comunidade.

Sem liberdade, a igualdade de oportunidades fica capenga. Eis porque, amigos, amigas, companheiros e companheiras, quando os tiranos, ou candidatos a tiranos, desejam subjugar uma sociedade aos seus propósitos, começam restringindo a liberdade. Minando a liberdade dos outros. Não apenas a de pensar, ou de falar, mas principalmente a de adotar posições sem a sombra do temor, sem o medo de comprometer o bem-estar e os sonhos, os próprios sonhos e os dos amigos e entes queridos.

Dia sim outro também, alguém deste governo fala em controlar a imprensa. O partido do governo sonha com o dia em que vai poder censurar a imprensa. A expressão, bonita, é “controle social”, como se a palavra “social” pudesse legitimar o conteúdo horroroso. Maquiar as más intenções. Em palavras diretas, querem estabelecer comitês partidários para decidir o que os jornais e as revistas poderão ou não publicar, as rádios, tevês e a internet poderão ou não veicular. Querem sufocar economicamente quem ousa discordar.

Não vamos nos enganar, não vamos maquiar a realidade. É isso que estamos enfrentando nesta eleição. Vamos lutar e vamos vencer.

A defesa da liberdade nos une nesta candidatura, nesta caminhada em condições extremamente desafiadoras, caminhada que vai nos levar ao Palácio do Planalto. Liberdade não apenas de consciência, mas liberdade de ação. Liberdade para empreender e trabalhar. Liberdade para a cidadania plena.

Os brasileiros e brasileiras precisam ser livres para não temer que o Estado, financiado com o dinheiro de todos nós, seja ocupado por uma máquina partidária que ameaça e persegue as pessoas, que viola nossos direitos fundamentais. Como ,por exemplo, o direito ao sigilo bancário e fiscal. As notícias estão aí, o segredo fiscal de pessoas que o governo identifica como adversárias foi quebrado por gente na Receita Federal evidentemente a serviço de uma operação político-partidária.

Quando se viola o sigilo bancário de um caseiro, viola-se a Constituição. Quando se viola o sigilo fiscal de representantes da oposição, viola-se a Constituição. Quando se viola o sigilo telefônico e de correspondência de adversários, viola-se a Constituição. Não perguntem jamais quem é Francenildo Pereira. Francenildo são vocês. Francenildo somos nós. Não passo a mão na cabeça de malfeitores. Exijo é que se respeitem os Francenildos e as Marias, os Josés e as Anas.

Sabem o que é o mais impressionante? O mais impressionante é que ninguém do governo, do partido do governo, ou da campanha da candidata do governo deu-se ao trabalho de fingir que acha grave, de simular indignação, de vir a público para dar alguma satisfação à sociedade. Dão de ombros, emitem notas protocolares, ameaçam até processar as vítimas. Indignação? Nem pensar! Como acham que podem tudo, acreditam que podem também violar as leis do país e seguir em frente assoviando.

Mas o Brasil é maior do que eles. Com muito trabalho, luta e fé, vamos derrotá-los. O Brasil, repito, não precisa de alguém que “tome conta” da gente, como se nós, brasileiros e brasileiras, fôssemos incapazes de construir nossos próprios caminhos. E é isso que nós vamos fazer.

Nosso projeto político está claro há muito tempo para o Brasil. Para nós, democracia, estado de direito e justiça social são coisas inseparáveis. Repudiamos quem usa o desejo profundo dos brasileiros por mais justiça social e menos desigualdade para negar às pessoas o direito fundamental de viver num país que seja realmente de todos. Mas todos mesmo, e não só dos amigos, sócios, cupinchas ou cúmplices.

Na economia, somos o país campeão dos altos impostos, campeão dos juros, campeão do atraso na infraestrutura. Você vê o horário eleitoral deles, você vê a propaganda do governo, paga com o dinheiro do povo, e parece que todos os problemas do Brasil foram resolvidos. Obras que não existem, que andam mais devagar que tartaruga, são divulgadas dia e noite como se já estivessem prontas. Eles seguem a receita repugnante, repudiada pela História, de que a mentira repetida mil vezes se transforma em verdade. Só que eles não sabem que a receita está errada. O povo não é bobo.

Claro que há avanços, pois este governo teve a felicidade de colher o que os outros plantaram. Talvez estejamos assistindo à mais escancarada exibição de falta de caráter de que se tem notícia na história da política brasileira. A ingratidão é um defeito de caráter, a ingratidão é a cicatriz que revela uma alma complicada. O que é o PT? Um partido que tenta destruir os que o antecederam no governo, enquanto governa sobre as bases construídas com muito esforço e suor por quem veio antes. Governa e estraga essas bases.

O Novo Brasil - que se depara com o futuro do pré-sal, de uma nova e pujante classe media, que vai sediar Copa do Mundo e a Olimpíada - ainda precisa enfrentar grandes problemas: metade dos adolescentes fora das escolas, a necessidade de uma completa reforma do sistema de saúde, organizar o combate ao crime e as drogas, a construção e recuperação da infraestrutura, o déficit habitacional que chega a milhões de moradias. Grandes problemas que precisam de uma economia forte para serem resolvidos.

Agora, no momento de escolher um novo Presidente, é hora de perguntar: “Quem tem mais condições de manter a estabilidade?” Nesse terreno, um passo em falso que seja pode trazer prejuízos irremediáveis para os brasileiros. Quem tem mais condições de brigar lá fora para defender a economia do Brasil? Quem tem mais condições de defender os ganhos da estabilidade que chegaram ao bolso dos brasileiros na forma de salário, crédito e benefícios? Somos nós! É de nós que o Brasil Novo precisa.

Aí alguém vai me dizer. “Poxa, Serra, tudo bem falar disso. Mas e das outras coisas? Será que este é o melhor discurso para a eleição?” Essa é mais uma diferença. O PT diz a cada momento o que é mais conveniente, tem uma conversa para cada platéia. Nós temos um só discurso, uma só personalidade, uma só cara.

Nós não nos escondemos, não somos bonecos de ventríloquo, não precisamos andar na garupa de ninguém. Nós, acima de tudo, não somos produto de uma fraude. Nenhum pedaço da minha biografia precisa ficar trancado no cofre na época da eleição. E, se o povo brasileiro me der a honra de governar este país, saberá quem está a governar. Nós não seremos reféns de um projeto continuísta nem do apetite enlouquecido de um partido por posições de poder, que é forma bonita de chamar as verbas orçamentárias e os cargos cujos salários são pagos com o dinheiro do povo. Nós não somos candidatos a donos do Brasil. Somos candidatos a servir ao Brasil e ao nosso povo.

No horário eleitoral, nas entrevistas, nas palestras, tenho deixado claro o que pretendo fazer em benefício do Brasil e dos brasileiros. Por isso, faço propostas de cara limpa, sendo quem sou. Porque o grande patrimônio que tenho e que submeto ao julgamento da população é, sim, a minha biografia; é, sim, o meu trabalho; é, sim, o meu compromisso com o bem-estar de todos; é, sim, o meu compromisso com a liberdade; é sim, a minha luta por justiça e igualdade. E isso ninguém vai me tirar. Em campanhas eleitorais, nossos adversários têm optado pelo caminho da sordidez; sabotadores da ordem democrática se movem nas sombras para manchar reputações, para manchar biografias. É inútil no meu caso. Desde os meus tempos de presidente da UNE, são quase 50 anos de vida pública. Cinqüenta anos de uma vida ficha limpa!

- Não tenho nada a esconder do meu passado;
- não preciso que reescrevam a minha vida excluindo passagens nada abonadoras;
- não preciso que tentem me vender, como se eu fosse um sabonete;
- Não preciso de marqueteiro que mude a minha cara, o meu pensamento, a minha trajetória de vida. Ninguém precisa dizer à população quem sou eu. Inventar coisas que não fiz e esconder coisas que fiz. É a minha vida pública que diz quem sou. Posso fazer cara feia às vezes. Mas é uma cara só. Não digo uma coisa hoje para desdizer amanhã. E ninguém me diz o que tenho de falar ou não. Respondo pelas minhas palavras e pelas minhas escolhas. Não fui inventado por ninguém! Foi a luta democrática que me fez. Foram as minhas escolhas de vida que me trouxeram até aqui.

Vocês não imaginam a tristeza que eu sinto quando vejo o governo do meu país transformado num porta-voz planetário de todo tipo de ditador, de facínora, de genocida ou candidato a genocida. Transformaram o Brasil num avalista dos negadores de que tenha existido um Holocausto contra os judeus na Segunda Guerra Mundial. Pensam que enganam alguém, mas ajudam a criar um ambiente favorável a que os novos fascistas do século 21 construam a bomba atômica.

Meus amigos, minhas amigas, meus companheiros, minhas companheiras. Obrigado a todos vocês, a todas vocês, por terem vindo aqui hoje. Obrigado por terem vindo ouvir o que eu penso sobre esta luta e sobre o futuro. Obrigado por terem me dado a oportunidade de falar sobre os meus valores, sobre as idéias que defendo para o meu Brasil.

Obrigado por estarem comigo nesta caminhada. Que é difícil, eu sei. Exige muita firmeza, mas, para nós, pode ser conduzida com suavidade, serenidade, tranqüilidade. Pois, nesta campanha, nós temos a felicidade de poder defender exatamente aquilo que pensamos.

Nossa caminhada é difícil, mas Deus só dá a missão a quem pode realizá-la. Por isso nossa caminhada é também suave, já que, nela, podemos ser nós mesmos, sem precisar mentir, esconder, conspirar.

Vamos em frente, pela democracia, pela justiça, pela liberdade, pela igualdade, em defesa do Brasil livre e democrático que nós ajudamos a construir e que vamos ajudar a fazer avançar muito mais.

Pois, de uma coisa, nosso Brasil pode ter certeza.

“Verás que um filho teu não foge à luta,
Nem teme, quem te adora, a própria morte.
Terra adorada,
Entre outras mil,
És tu, Brasil, Ó Pátria amada!
Dos filhos deste solo és mãe gentil,
Pátria amada”Brasil!”

sábado, 28 de agosto de 2010

Editorial do Estadão: O legado explosivo de Lula

Quem suceder ao presidente Lula encontrará um legado difícil de carregar - Tesouro mais endividado, mais custeio engessando o orçamento, compromissos pesados e de retorno duvidoso e um buraco crescente nas contas externas. Em julho o superávit primário do setor público ficou em apenas R$ 2,45 bilhões, o resultado fiscal foi o pior para o mês em nove anos e o quadro não deverá mudar muito nos próximos meses. Sem a popularidade e o carisma do antecessor, o próximo presidente precisará tomar medidas severas, se quiser arrumar os fundamentos da economia. Se o Brasil ainda estiver crescendo, isso facilitará seu trabalho. Mas Estados Unidos e a maior parte da Europa continuarão derrapando na crise, o dinamismo chinês poderá ser menor e o mercado global será bem menos hospitaleiro do que o foi até o começo da recessão. Durante seis anos o presidente Luiz Inácio Lula da Silva governou com vento a favor na economia global. Quem o substituir não terá essa bênção.

Quem vencer a eleição deverá negociar o novo salário mínimo com as centrais sindicais. A negociação incluirá o aumento das aposentadorias superiores ao salário básico. A recessão de 2009 não será levada em conta nos cálculos. Esse presente para o novo governo foi incluído na Lei de Diretrizes Orçamentárias (LDO). O presidente Lula preferiu não vetar esses dispositivos, mas vetou outros 25 pontos politicamente menos complicados. O próximo orçamento será sobrecarregado também de aumentos salariais concedidos antes da tramitação do projeto da LDO. Essas e outras bondades tornarão mais inflexível o Orçamento-Geral da União (OGU).

Além disso, as contas públicas estarão comprometidas com despesas vinculadas à Copa do Mundo de 2014 e aos Jogos Olímpicos de 2016. O Banco Nacional de Desenvolvimento Econômico e Social (BNDES) participará do financiamento de vários projetos, possivelmente incluído o do trem-bala. O custo desta obra ainda é desconhecido e as estimativas oscilam entre R$ 33 bilhões e R$ 40 bilhões. Como os projetos da Copa estão atrasados, o Tesouro Nacional poderá ser forçado a intervir para evitar um fiasco internacional. Ninguém sabe quanto dinheiro público essa aventura consumirá.

Comprometido com a capitalização da Petrobrás, o governo precisará emitir mais títulos. O valor dos papéis dependerá do preço dos 5 bilhões de barris de petróleo correspondentes à parcela da União no aumento de capital da empresa.

Os ministros da área econômica haviam traçado um roteiro para eliminar até 2012 o déficit nominal das contas públicas, isto é, para equilibrar de forma completa receitas e despesas. Há poucas semanas, o Ministério da Fazenda anunciou uma revisão do plano: o prazo, agora, estende-se até o fim de 2014.

Mesmo esse prazo parece otimista, agora, quando se considera o peso dos compromissos assumidos pelo governo com os financiamentos a empresas via BNDES, com a Copa, com a Olimpíada, com a exploração do pré-sal, com o Programa de Aceleração do Crescimento (PAC) e, é claro, com os programas sociais. Some-se ainda o inchaço da folha de pessoal, agravado pelas contratações do ano passado, e dos encargos da Previdência.

Para completar, o País gastou com importações neste ano, até julho, 45,1% mais do que um ano antes e exportou 27% mais. O descompasso tende a persistir. O superávit comercial encolhe com rapidez. O déficit em conta corrente chegou a US$ 43,8 bilhões em 12 meses e poderá alcançar uns US$ 50 bilhões em 2010. Para 2011 a previsão fica em torno de US$ 60 bilhões. Não há risco imediato de crise cambial, mas as contas deterioram com rapidez e o quadro externo aumenta a preocupação.

A resposta mais óbvia e mais prudente é a adoção de uma séria política de competitividade, com reforma dos impostos, aumento do crédito aos exportadores e investimentos urgentes na infraestrutura.

A precária situação das contas públicas tornará essa tarefa muito mais difícil. Esse trabalho ainda será prejudicado pela baixa qualidade gerencial do setor público - parte das bombas deixadas por Lula ao próximo governo.